Movida innovadora para revitalizar nuestro tejido social
Reflexiones sobre la Conversión en Cuaresma
Por el Padre Martín Ponce De León La Iglesia nos invita a vivir este tiempo de cuarenta días antes de la Pascua como un periodo de conversión, entendiendo que este concepto implica un verdadero cambio en nuestra realidad personal.Es fundamental, en primer lugar, tener claro el objetivo de nuestra transformación.
Como cristianos, este objetivo no puede ser otro que Dios mismo, al que accedemos a través de Jesús.
Por ello, podemos afirmar que el motor de nuestra conversión debe ser siempre Jesús.
Para acercarnos a Jesús, es esencial sumergirnos en los relatos evangélicos, pues en ellos encontramos la mejor manera de conocer su propuesta y su estilo de vida.
Jesús no es una construcción de nuestra imaginación o devoción; es un ser humano real que vivió en nuestra historia, y por lo tanto, es nuestro deber descubrirlo plenamente.
Descubrir a Jesús implica acercarnos a Él dejando de lado concepciones preconcebidas sobre las instituciones que lo proclaman o sobre los rituales que nos presentan.
Se trata de aproximarnos a una persona con honestidad y rectitud, tratando de entender lo que nos plantea.
Los mensajes de Jesús son tan claros y sencillos que basta con adentrarnos en los relatos evangélicos con el corazón dispuesto a escuchar.
No estamos llamados a acumular conocimiento, sino a vivir en conformidad con su propuesta.
Esto nos lleva a analizar los textos no solo desde un punto de vista académico, preguntándonos “¿Qué dice el texto?”, sino desde la introspección personal, cuestionándonos “¿Qué me dice el texto?” Estos relatos son motivadores de fe que nos invitan a sumergirnos en un himno al amor que trasciende el tiempo.
Nuestra conversión debe ser una respuesta a la invitación de dejarnos impregnar por el amor que Jesús practicó.
Este amor incluye la fidelidad a su Padre y el respeto a la dignidad humana.
Todo lo relacionado con Jesús está impregnado de amor, y por ende, nuestra relación con Él nunca debe estar desprovista de este sentimiento.
Al abrirnos al descubrimiento del amor que nos propone, sentimos la necesidad de cambiar nuestro estilo de vida y nuestra manera de relacionarnos con los demás.
La invitación de Jesús a vivir el amor es demasiado clara como para que podamos permanecer indiferentes.
Cuando amamos de verdad, nuestro mundo gira en torno a la persona amada.
Le damos espacio en nuestras vidas, buscamos su felicidad y permitimos que actúe a través de nosotros.
Hoy deberíamos afirmar que “el amor de Jesús nos transforma”.
Seguir e intentar vivir de acuerdo con las enseñanzas de Jesús no se trata de renunciar a nuestras libertades, sino de experimentar un amor que le da sentido a nuestra existencia, llenándonos de felicidad y plenitud.
Intentar vivir conforme a la experiencia del amor de Jesús significa reconocer nuestra libertad y, por consiguiente, crecer en madurez personal.
Jesús no es un limitante; más bien, su amor nos llena de audacia y coraje, impulsándonos a testimoniar el amor que experimentamos.
La propuesta de conversión que recibimos no puede ser otra que la de Jesús, invitándonos a una realidad de amor que motive cada uno de nuestros actos y nos impulse a incorporar su estilo de vida.
No nos convertimos por miedo o vergüenza, sino movidos por el deseo de corresponder a ese amor incondicional.
Fuente: Diario Cambio