Redescubriendo mi esencia: el poder de la autenticidad.
Reflexiones sobre la Comunicación en las Nuevas Generaciones
Por Alexandra Ledesma Psicóloga y Terapeuta Sexual En ocasiones, me pregunto a qué hemos llegado como sociedad.La distancia se ha convertido en la nueva forma de relacionarnos, ¿no resulta insólito? Este nuevo enfoque del amor, propio de las generaciones actuales, plantea que lo ideal es no demostrar sentimientos, evitar la atención y ofrecer ausencia para mantener al otro "enganchado".
Se ha vuelto inaceptable comunicar lo que sentimos, expresar nuestros deseos o señalar hacia dónde queremos ir y lo que no estamos dispuestos a aceptar.
Este contexto genera una percepción negativa del amor.
Actualmente, comunicarse, expresarse y buscar soluciones se asocia erróneamente con ser "intenso", como si este término fuera un estigma.
Es momento de reevaluar el concepto de intensidad.
Esta cualidad puede reflejar cómo las personas establecen conexiones significativas con los demás.
Ser intensos puede manifestarse en una escucha activa y en una atención profunda, algo valioso en un mundo donde la superficialidad predomina.
Y me pregunto, ¿acaso no criticamos constantemente esta falta de profundidad en las relaciones? Esta forma de vivir y sentir, lejos de implicar una comunicación poco asertiva, puede ser vista como una fortaleza.
Vivir "intensamente" significa reconocer nuestra condición de seres sintientes.
Experimentamos alegría, tristeza, llanto y risa.
La comunicación y la demostración emocional son elementos esenciales para vínculos saludables.
No obstante, esto no implica reprimir nuestras emociones; más bien, debemos aprender a gestionarlas adecuadamente.
Como seres sociales, la socialización nos acompaña desde etapas tempranas de la vida.
La clave radica en cómo nos vinculamos, lo que resulta fundamental para establecer relaciones sanas.
La asertividad en la comunicación debe convertirse en el pilar de toda relación; la manera de expresar es tan importante como el contenido mismo.
Es vital tener el valor de comunicar lo que sentimos y lo que deseamos para nosotros.
Mantener silencio o evitar conversaciones incómodas solo conduce a vínculos poco sólidos.
Debemos cuidar la forma de comunicarnos, asegurándonos de que no estamos limitados a expresar nuestros sentimientos e ideas, aunque siempre considerando cómo hacerlo para facilitar la comprensión por parte del otro.
En el ámbito de la pareja, la falta de comunicación asertiva frecuentemente se convierte en un factor determinante en el surgimiento de conflictos y rupturas.
La madurez emocional juega un papel clave en nuestros vínculos; es el cimiento necesario para construir relaciones saludables.
Esta madurez se construye aprendiendo a sanar experiencias traumáticas del pasado, evitando así repetir viejos patrones.
Trabajar en nosotros mismos y mejorar nuestra forma de comunicarnos es esencial para alejarnos de personas evasivas o inmaduras emocionalmente.
Quienes se sienten inseguros tienden a causar inseguridad en los demás.
La verdadera revolución radica en atrevernos a hablar, sentir, expresar y demostrar nuestros afectos.
No permitamos que un "Síndrome de Diógenes emocional" nos limite; liberemos espacio para nuevas sensaciones que nos beneficien.
No adaptemos nuestro lenguaje del amor a estas nuevas formas de comunicación.
Evitemos caer en la trampa de la "comunicación no comunicativa".
Seamos más que esto, seamos lo que realmente anhelamos para nosotros mismos.
Fuente: Diario Cambio